jueves, 19 de septiembre de 2019

Testofobia

Son pocas las personas que disfrutan o sienten indiferencia al realizar exámenes que pongan a prueba sus habilidades intelectuales. Para muchos el tener que comprobar que has aprendido lo mismo o más que sus compañeros de clase, o lo suficiente para aprobar una materia es algo que generalmente nos llena de ansiedad y, algunas veces, terror. A esa situación se le llama testofobia.
La testofobia generalmente se manifiesta físicamente cuando recibimos un examen oral o escrito y sentimos nuestro corazón palpitar con más fuerza, las palmas de nuestras manos y la frente empiezan a sudar profusamente y nuestras piernas se agitan intentando darnos un poco de confort.
Emocionalmente podemos experimentar pánico y sentimientos de inseguridad, tal vez coraje o tristeza al visualizar lo que puede suceder de no pasarlo, y eso es aun cuando no hemos empezado a responder el examen.
Es común tener esta experiencia a lo largo de nuestra vida académica dado al valor elevado que se le da a los exámenes en nuestra sociedad. Desde pequeños somos sometidos a la comprobación de habilidades para pasar de un nivel a otro y cuando no lo logramos se nos reprende o castiga públicamente. Mientras vamos creciendo, y si la mayor parte de nuestros exámenes obtuvieron calificaciones bajas, vamos asociando una prueba con algo negativo en lugar de vincularlo a un simple diagnóstico de habilidades adquiridas o identificación de dificultades en cual es necesario trabajar.
¿Qué puedes hacer para combatir este temor?
Antes del examen:
1.- Si saltar de un avión es inevitable, revisa tu paracaídas y prepárate. Revisa tus notas, complementa con las de tus compañeros y estudia.
2.- Enfrenta a los leones. Pregunta a tu maestro cuáles cree son tus puntos débiles y trabaja en ellos para crear fortalezas.

Durante el examen:
1.- Respira profundamente, el aire es gratis. Estar consciente de tu respiración orientará tu atención a otros pensamientos y oxigenará tu cuerpo. Lo mismo pasará si colocas una bolita de papel en la boca. El sentir su textura, grosor y sabor debilitará tu ansiedad y te permitirá contestar el examen de manera más libre y despreocupada.
2.- Desaparece. Deja de pensar en qué es lo que está contestando tu compañero o la razón por la que terminó más rápido que tu. Cada quien tiene sus tiempos y procesos. Aduéñate de tu espacio y concéntrate en ti.
3.- Reconoce que esa prueba no define tu valor como persona o tu inteligencia total. Es solo un simple examen de una simple materia en una simple escuela. Es uno de muchos eslabones en una escalera con muchos caminos que subirás. No todos tenemos las mismas habilidades y fortalezas y no todo se define a través de un examen.

Después del examen:
1.- Corta ese cordón umbilical. No pienses más en ese papel y déjalo ir. Ya retornará evaluado y entonces verás qué medidas tomar para mejorar tus habilidades. 
2.- Vuelve a enfrentar a los leones. De nada sirve un examen si después no hacemos nada para mejorar nuestro aprendizaje. Aprecia tus errores tanto como tus logros y acepta que ningún humano es perfecto... pero lo podemos intentar.

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